El fin de semana el octogenario coreógrafo presentó a teatro lleno una selección de sus obras hechas desde 1959, en la sala principal del Centro Cultural Matucana 100. Allí se detiene en el Golpe Militar y la muerte de su amigo Víctor Jara. “Hasta dónde hubiese crecido con toda esa capacidad que tenía como músico y director teatral”, se pregunta este referente cultural inevitable, quien analiza la institucionalidad y recuerda la obra que nunca pudo estrenar en 1973, “Los siete estados”.


 

Rodrigo Alvarado
La Nación

A sus 85 años, nadie puede negar el aporte de Patricio Bunster al mundo de la danza y el teatro. Primera generación del Ballet Nacional Chileno (Banch), su enorme currículo incluye su paso como solista en el innovador ballet alemán Joss, la dirección del Banch y varias distinciones a lo largo del planeta. Director de la Escuela de Danza de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y del Centro de Danza Espiral, junto a Joan Turner, aceptó reponer siete de sus obras en “Antología 1”, compendio que se exhibirá nuevamente desde el jueves hasta el domingo, con la música original de cada pieza, incluyendo “Calaucán”, estrenada en 1959 y que significó “la primera vez que se bailaba una obra con pura percusión en el Teatro Municipal”.

-¿Por qué “Antología 1”, acaso viene otra?

-Se llama así porque en el Centro Espiral me dijeron que sería bueno reponer algunas obras que he hecho desde 1959. Y como son tantas, espero hacer una “Antología 2” y una tercera quizás, incorporando obras de coreógrafos jóvenes que son muy buenos.

-Esta idea también se puede ver como un homenaje por su trayectoria…

-O para despedirme tal vez (ríe).

-Eso no lo dije yo.

-No, pensaron que era una lástima que ciertas obras mías no las hayan visto las nuevas generaciones.

-¿Qué siente al trabajar con bailarines jóvenes pensando en que los originales deben tener más de cuarenta años?

-Por lo menos, porque hay una obra que se hizo hace cuarenta y seis años, así que imagina. Es interesante ver qué pasa con obras que se hicieron hace tanto tiempo y cómo se pueden vivir hoy. Confío en su vitalidad, además, toda mi vida he trabajado con gente joven.

-En ese sentido ¿cómo observa el panorama actual de la danza?

-Yo veo que está saliendo a flote, porque está un poco hundida respecto a otras artes…

-Un 3% de la población asiste anualmente.

-Eso también depende de qué mostramos. A mí me interesa hacer obras de comprensión para un público popular y eso lo hemos puesto a prueba con una actuación ante 70 mil personas en el Estadio Nacional, antes de que saliera Silvio Rodríguez al escenario y la reacción del público fue muy positiva.

Genocidios en Latinoamérica

-¿Cómo ha vivido el cambio de paradigma de un pensar latinoamericano en los años 60 hasta hoy, que ya no existe?

-En mis obras se podrá ver. En “Calaucán” muestro el genocidio y una esperanza de los nativos que luchan por su libertad. O después, en “Danzando con Víctor”, que tiene varias obras donde se expresa el ánimo del año 70 y también después del ’73.

-¿Dos historias de genocidios?

-Sí, pero me pareció un poco fuerte, así que en la segunda parte de la antología recurrí a obras que he hecho con humor y otra en que domina Eros.

-En 1973 usted tenía una obra casi lista que finalmente nunca se estrenó, “Los siete estados”.

-Sí. Esa se perdió, pero Chile perdió más con lo que pasó después. Era mi primera obra grande de dos horas, porque nunca paso de los 15 minutos. Me demoré mucho en escribir la historia en que un joven recorría Latinoamérica para liberar a su amada del cautiverio. Trabajaba Víctor Jara con el compositor docto Celso Garrido-Lecca y tenía a todo el Ballet Nacional Chileno a mi disposición. Además de Inti Illimani o Quilapayún en escena mientras Víctor relataba la historia.

-También desaparecieron otros actores y profesores de teatro de la Universidad de Chile, ¿cree que la dictadura ha pagado por esos crímenes?

-No se puede pagar la vida humana perdida, hay que hacer justicia porque no nos van a devolver a la gente, ni tampoco toda la creatividad perdida, que es una cosa espantosa. Entonces recordar es absolutamente necesario para las nuevas generaciones. No hay futuro sin memoria y si ayudas a eso, creo que algo puede hacer el arte.

-Supongo que el Golpe dejó marcas en usted, después de perder vínculos con personas que fueron asesinadas.

-Para mí significó que de un día para otro te maten a decenas de amigos y miles de compañeros. Por eso una de las obras está hecha a raíz del Golpe, cuando llegué de Alemania cargado de dolores, como Víctor Jara, que fue mi alumno en la Escuela de Teatro, trabajamos juntos y éramos muy amigos.

-Y cómo sería Chile con Víctor Jara vivo.

-O qué estaría haciendo. Uno se pregunta esas cosas o hasta dónde hubiera crecido con toda esa capacidad que tenía como músico y director teatral. Es enorme todo lo que perdimos.

-Quizás estaría postulando a un Fondart.

-Ja, a lo mejor…

Desigualdad cultural

-¿Cómo evalúa el panorama artístico después de la creación del Consejo de Cultura y las Artes?

- Debo reconocer que han habido grandes esfuerzos por poner la cultura en agenda. Pero, yo privilegio los proyectos a largo plazo con continuidad en el tiempo y por eso, como Centro de Danza Espiral, nos preocupamos de cómo la danza entra en la educación de niños y jóvenes en las escuelas artísticas y las universidades para elevar el nivel de formación.

- …

-Una política cultural nunca puede dejar de considerar la educación estética de la población. Es muy importante que la gente tenga acceso al teatro, pero la educación estética es transversal e importa más que los eventos y chispazos culturales que, sin embargo, ayudan a ganar gente para el arte.

-Siempre se dice que la danza conecta cuerpo con espíritu, pero en Chile no existe una educación del cuerpo.

-Yo creo que existe un boom de la actividad corporal. Está lleno de Yoga, Tai Chi y Pilates. Pero eso debería estar en la educación desde niño. Tengo un nieto que siempre vio ensayos y a los 14 años, sin ninguna presión, decidió estudiar danza. Hoy actúa en el Teatro Municipal, pero no debe ser un privilegio tener acceso al arte.
Rodrigo Alvarado
La Nación

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